Estas son las palabras de Achero Mañas, director de la película Noviembre que vimos en la última sesión de Didáctica de habilidades expresivas, que expresan la razón de cómo se creó esta palícula. El texto está sacado de www.labutaca.net.
Desde que era un niño he
estado, por razones familiares, relacionado con el mundo del
teatro y guardo de estas vivencias muchísimos recuerdos. De
todos ellos, hay uno que no se me olvidará y que ha sido el
principal motivo que ha dado origen a esta película. En los años
setenta, un grupo de actores creó una compañía de teatro
independiente actuando en diferentes lugares del territorio
nacional sin cobrar ni una peseta por su dedicación. Aquella
compañía se llamaba El Piojo Picón y surge al mismo tiempo que
otros grupos de teatro independientes que, sin ánimo de lucro,
recorrieron España durante la época de la transición. La
existencia de tales grupos, su lucha por hacer un teatro
diferente, libre, independiente y gratuito sigue siendo para mí
un misterio, en una sociedad como la de hoy, en donde cualquier
forma de arte está obligatoriamente sometida, como el resto de
cosas, incluidos los seres humanos, a las leyes imperativas del
mercado.
Es cierto que este teatro
utópico y libre se dio en circunstancias especiales y en una
época determinada, pero... ¿Qué pasaría ahora si surgiera un
grupo teatral como los que aparecieron entonces? ¿Podría darse
en la década de los noventa un grupo con el mismo espíritu, o
parecido? ¿De qué forma surgiría? ¿Tendría algo por lo que
luchar? ¿Cuál sería su sentido ahora? ¿Cómo reaccionaría el
público? ¿Qué pasaría si el teatro volviera a la calle?
¿Aportaría algo? Y lo que es más importante, ¿podría sobrevivir?
¿Qué pensarían sus integrantes pasados cuarenta años? ¿Pensarían
lo mismo que piensan los actores de los grupos de entonces en
este momento? Noviembre ha sido un intento de dar respuesta a
esas preguntas.
Alfredo Baeza, protagonista y
líder del grupo independiente Noviembre, cree en el arte y cree,
como creyeron los artistas de principios del siglo pasado, y
también los grupos independientes de teatro de finales de los
setenta: que a través de su arte puede cambiar el mundo, o mejor
dicho, el estado de las cosas. Ese idealismo, considerado ahora
por una gran mayoría utópico, en donde no sólo el arte, sino
también la política y la economía estaban dominados por un
sentimiento colectivo y un deseo de cambio en la sociedad,
convierten a Alfredo y a los demás integrantes del grupo en
personajes completamente anacrónicos, quijotescos, abocados
inevitablemente al fracaso. Sobre todo, en una sociedad dominada
por el individualismo, con un sentido claramente materialista y
en donde la gente no cree ya prácticamente en nada. Luchar
contra ese escepticismo y volver a creer en la utopía es el
principal sentido del grupo independiente Noviembre. Alfredo
quiere luchar contra ese estatismo que simbólicamente está
encarnado en su hermano Alejandro, quiere luchar contra esa
ceguera, contra esa parálisis que ha vivido tan de cerca y sobre
todo quiere hacer algo para provocar una reacción: “lo que sea”.
No quiere ver a la gente inmóvil, muerta en vida, sin
reaccionar, como ve a su hermano Alejandro; quiere que lo que
hace provoque algo, que mueva algo, en definitiva: que
trascienda. Ésa es la principal razón de la creación de
Noviembre.
La elección del teatro es un
pretexto extrapolable a cualquier otro entorno dentro de nuestra
sociedad. Alfredo, y con él Noviembre, son la llave que abre la
puerta a algo nuevo que a su vez tendrá que ser renovado por
otra tendencia, u otro movimiento, en el momento que éste haya
entrado en su periodo de decadencia. De esta manera se evitará
cualquier forma de absolutismo, de verdad inamovible que pueda
llevarnos a una única y exclusiva forma de pensamiento, ya sea
en el arte, en la política o en cualquier otro ámbito. Noviembre
es principalmente el movimiento frente al estancamiento de las
ideas, frente al escepticismo como principal asesino de toda
forma de positivismo, de generador de movimiento, y por lo tanto
de creación, de futuro, de vida.
Gabriel Celaya decía que la
poesía era un arma cargada de futuro. Creo que el arte, y el
teatro en particular son y deben ser un arma. Un arma cargada de
ideas, de palabras, pero también de contradicción, de paradoja;
un arma, por encima de todo, inconformista que nunca pierda el
sentido de la autocrítica. Alfredo y Noviembre simbolizan el
sueño, la ilusión de que todavía el mundo y las cosas se pueden
cambiar.
Irina

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